Pongámosnos serios, rojos: La primera vez no es joda. No vamos a curiosear en intimidades, ya que lejos está en mi deseo de monopolizar dicha expresión en torno al contexto íntimo. Podemos referirnos a la primera vez que fuimos a la cancha, el primer gol que hicimos, aquel primer beso, o la primera vez que te agarraste una borrachera que culminó con tu persona abrazando al inodoro hasta el último suspiro, mientras de fondo tu vieja te decía que no ibas para ningún lado con esa actitud y tu viejo te decía que eras un salame pero con cierto tono cómplice, casi viéndose reflejado en tu torpeza a la hora de ingerir alcohol.

Sin embargo, existe una vez primera que enmarca un poco más el comienzo (o mejor dicho, ‘debut’) en un acto y que se desenvuelve de diferentes formas en el historial de cada uno. O todavía no se desenvolvió, pero hay tiempo (?). Chistes, charlas paternales sobre cómo cuidarse, burlas, felicitaciones… la primera vez en la intimidad puede ser hermosa, desastrosa e inolvidable, todo en una, y cada quien la lleva en su biografía como un capítulo importante de su existencia.

Lo jugoso de esto… Dejá, mejor uso otro adjetivo: Lo interesante de esto es que podemos trazar un paralelismo con el fútbol. Y no me refiero a esos cánticos de cancha donde coreamos respecto a tener relaciones con la hinchada rival, la cual en nuestra canción es burdamente pasiva y sometida ante nuestro ímpetu. Nada de eso. Hablo de la vez que un jugador de Independiente tuvo su primera vez en una cancha, gracias al compañerismo de sus pares y a un poco de suerte respecto a las circunstancias de un cotejo donde, a ‘El Rojo’, simplemente le salieron todas.

Hasta el 21 de abril del 2008, Mariano Herrón acumulaba 230 partidos como futbolista, distribuidos en estadías en Argentinos Juniors, Montpellier de Francia, San Lorenzo, Rosario Central y el Lleida de España. En ninguna de las mencionadas experiencias había logrado anotar ni siquiera un gol. Tampoco lo había hecho en los tres años que llevaba en Independiente. Con 30 primaveras a la mencionada fecha, el retiro estaba más próximo que el debut y las ansias de anotar de una vez por todas eran tema de conversación en la jerga futbolística que rodeaba al centrocampista: ‘Hasta Ustari hizo un gol acá, pero tranquilo, ya va a llegar’ le deslizaban sutilmente algunos de sus pares. Una década como profesional que no mostraba goles en su historial era algo llamativo, sin dudas.

Tras haber comenzado el torneo bajo la tutela de Pedro Troglio, quien renunciaría a la séptima fecha tras caer frente a San Martín de San Juan, Miguel Ángel Santoro aspiraba a enderezar al equipo de cara a la mitad del Clausura 08’. En la fecha 11 de dicho torneo, ‘El Rojo’ se veía las caras ante Banfield. Herrón, en silencio, comenzaría el match desde el banco.

Ante un rival prácticamente sin juego, aquella mágica asociación que componían Daniel Montenegro y Germán Denis comenzó a hacer de las suyas: ‘El Rolfi’ metió el primer tanto cuando se jugaban cuatro minutos. A comienzos del segundo tiempo, una mano dentro del área de Jairo Patiño, quien vio la roja, fue intercambiada por gol tras que ‘El Tanque’ ejecutará de forma magistral la pena máxima. Cómodo cotejo para el equipo de Avellaneda, el cual lentamente comenzó a poner el piloto automático. La resolución de la cita comenzaba a verse resuelta y eso implico el ingreso de piernas frescas: A quince minutos del final, Santoro llamó a Herrón para que entrara a la cancha, sustituyendo a Damián Ledesma. El volante quedó posicionado en un mediocampo compuesto por su persona, Gastón Machín, Lucas Pusineri y Freddy Grisales. Pocos se imaginaban lo que estaba por ocurrir.

Corría tiempo de descuento cuando un córner de Montenegro obligó a Diego Herner, defensa banfileño, a anular a Carlos Matheu de un codazo en la nuca. Roja directa y penal decretado por el referí Carlos Maglio. Y si el partido a esa altura era una fiesta para Independiente, ¿Por qué no obsequiar algo inolvidable para uno de los integrantes del equipo? Miradas cómplices circularon entre Denis y ‘El Rolfi’. El decreto era uno: Herrón debía patear el penal y así lograr el primer gol de su carrera. El hecho de que se trate de un partido ya definido les daba espaldas a los futbolistas mencionados para tomar esa decisión.

Ante un Cristian Lucchetti ya pensando en tomarse una ducha e irse a casa, Herrón colocó la pelota en el punto de penal y giró para tomar carrera. Cuando el árbitro pitó, dio un trote enternecedor, esperanzado, como si corriera rumbo a la ansiada consagración, y le propinó un fuerte derechazo al esférico. La pelota tomó vuelo y beso la red, ante la resignada mirada del guardavalla. Gol. Es más, un lindo gol, independientemente de que fuera de penal. Con cierta timidez pícara, Herrón ensayó un festejo, el primero de su vida como futbolista profesional, en el cual atinó a señalar a Germán Denis, quien le brindó la chance de ejecutar la pena máxima. ‘El Tanque’, sonriente ante el arribo a las mieles de su amigo, le dio un fuerte abrazo que luego contagió al resto de los futbolistas rojos, quienes se amontonaron para felicitar efusivamente al goleador debutante. “Se lo dedico a mi familia que siempre me apoyó” declaró agónico Herrón, viviendo un sueño hecho realidad. Porque el fútbol también es esto.

 

(Posteado en simultáneo en Independiente Inédito)