Qué cosa tan extraña ser arquero de Independiente en los últimos años. A la intachable virtud que emana la escuela de porteros que encabeza Miguel Ángel Santoro, se empaña cierto infortunio en las suertes de los metas en su afán de adueñarse con el sitio del último hombre. Adrián Gabbarini y Fabián Assmann, puntualmente, fueron malogrados y reducidos por graves lesiones que le impidieron afianzarse en tan difícil posición.
Sin embargo, también hay jugadas que marcan a los unos. Existen atajadas que quedan inmortalizadas en las retinas de los seguidores. Pero también… hay bloopers que abren el portón de salida y signan al arquero a abandonar su lugar. Las #Pifias que marcaron a los guardavallas independentistas, y que en algunos casos, provocaron su salida.

En el Apertura 2001, el derby ante Racing encontraba a Ariel Rocha defendiendo los tres palos rojos en la vieja Doble Visera. En la última jugada del cotejo, y con una ventaja por la mínima para los locales, un centro de los vecinos se dirigió a escasos metros del borde del área. Lugar que, si bien no era de subestimar, no ameritaba una intervención del meta. Sin embargo, Rocha salió a destiempo, perdió noción del a redonda, chocó con propios y extraños para, finalmente, observar desde el suelo como el defensa Gabriel Loeschbor colocaba el empate. “Cometí el error de haber salido como hincha” deslizó luego AR, viendo la repetición una y otra vez de tan inexplicable jugada. Si bien la hinchada bancó su continuidad en el equipo, en Febrero de 2002 jugaría su último cotejo con la casaca roja, para luego quedar colgado por un prolongado tiempo.

Bajo la órbita de Julio César Falcioni, el ex Banfield Bernardo Leyenda arribó a Independiente en el año 2005. ¿Su misión? Hacerse cargo de la posición que había dejado vacante la ida de Carlos Fernando Navarro Montoya. Su estadía en el primer equipo, sin embargo, sería salvajemente fugaz. Amén del público que desconfiaba de su performance (recordar la bandera “Leyenda autolesionate”), por la séptima fecha, y con Independiente ganando uno a cero un encuentro ante Quilmes, el buen Bernardo salió a cazar un centro con sus palmas extendidas, descartando cualquier embolse de la redonda que neutralizara la amenaza. Pan comido para que el atacante Ignacio Risso mojara y sentenciara la igualdad. El DT, desencantado de su propia apuesta, dio salida al mencionado portero para hacer debutar a Oscar Ustari. Leyenda no volvería a jugar para el club.

Hilario Navarro fue (es) un guardameta con todas las letras. Ágil, de reflejos intrépidos y salida veloz, sus atajadas descomunales mantuvieron en pie al equipo en horas difíciles: Sin él, la obtención de la Copa Sudamericana 2010 hubiera sido imposible. Ni hablar de la pícara imagen que da su arribo a la institución, abandonando la escuadra rival para optar por vestir los colores del Diablo. Sin embargo, un decaimiento en su nivel fue un cuadro inevitable en lo que fueron sus últimos tiempos en Avellaneda. Puntualmente, nada volvería a hacer igual tras la fecha 4 del Clausura 2012. En aquella ocasión, y bajo las órdenes de Ramón Díaz, un Independiente sin rumbo en el torneo recibía a Argentinos Juniors. Hilario tuvo un protagonismo no deseado en la futura derrota: Respuesta algo lenta en el cabezazo de Nicolás Batista, se le resbaló la bocha de las manos ante un lejano disparo de Fabián Bordagaray y se vió sorprendido por un bombazo de Pablo Barzola que vulneró su palo derecho. La caída por 1-3 significó el fin del fugaz ciclo de Ramón en el club, así como la salida del once titular de Navarro, reemplazado por el primerizo Diego Rodríguez, ya bajo las órdenes de Cristian Díaz. Si bien el correntino tendría chances de revancha tiempo después, poco quedaba de aquellas sensaciones que HN emanaba en lo que fueron sus años de deslumbre en el Libertadores de América.

Es Diego Ruso Rodríguez quien, justamente, culmina este repaso por pifias significativas en los porteros independentistas. Corría la quinta fecha del torneo de Primera División del 2016. En el ojo de la tormenta por bajo rendimiento (complementado con declaraciones algo pedantes respecto a su actuación en la valla), el rubio arquero hizo la última de las suyas a menos de diez minutos del final, cuando El Monumental fue testigo de cómo un inofensivo cabezazo de Lucas Alario era desviado en forma lineal por las propias manos de Rodríguez, incapaces en ese instante de asegurar la pelota. Desde el suelo, intentó siquiera molestar al ex Colón para impedir que concrete lo inevitable: Gol de River Plate y fin de la etapa de El Ruso en el arco, dejando lugar a Martín Campaña.

 

Vos, Rojo, ¿a cuál le hubieras dado una segunda oportunidad?