Hay una palabra en el universo futbolístico que hace temblar al sinfín de jugadores que circulan en él, cotejo tras cotejo y entrenamiento tras entrenamiento, y esa es colgado. No hay más concentraciones ni partidos hasta nuevo aviso. Purgatorio donde se pierde el ritmo, se disminuye la cotización propia y se bordéa el vagabundeo en conjuntos o ligas que están lejos de cuadrar en nuestras expectativas. Nadie está exento. Le ha pasado a estrellas de elite, así como también a sujetos que alguna vez osaron cierto protagonismo, para luego descender a las profundidades del ostracismo.

El año 2000 fue testigo del arribo de Ariel Rocha al arco del Club Atlético Independiente. A sus 26 años, había dado sus primeros pasos como profesional en Ferro, en donde se mantuvo casi una década y en donde estuvo próximo a arribar al centenar del partidos. En un Rojo que en el génesis del Siglo XXI no se caracterizó por hilvanar grandes campañas hasta la llegada de Américo Gallego, nuestro homenajeado logró hacerse con un nombre en el once titular a medida que peleaba el puesto con Oscar Passet, Damián Albil y Darío Sala.

Era conocido su fanatismo por El Diablo, algo que articuló una buena relación con los seguidores del club. Se ganó la banca de la exigente popular independentista y dotó sus actuaciones algo sobrias con una personalidad carismática. Durante el 2001 usó en su buzo el dibujo de una pantera, algo que se remontaba a sus años en Victoriano Arenas, club donde hizo sus primeras armas en la valla. Dicho diseño en su indumentaria acompañó al apodo que se le asignó en el colectivo futbolero.

Pero también convivían en la personalidad de Rocha una faceta solidaria que el arquero emergía en tiempos donde el país se encontraba sumergiéndose en una crisis económica letal, sustentando una oleada de miseria y austeridad a la que nuestro sujeto decidió no serle indiferente: “Soy un tipo de barrio, normal, nunca nos faltó nada. Me gusta ayudar a aquellos que no pueden acceder a cosas normales; tienen el mismo derecho el presidente argentino como el más pobre” y esbozaba una reflexión sobre la situación nacional que bien pudiera encajar en los cánones actuales: “El argentino perdió la dignidad, le da todo lo mismo, negocia todo y en la vida hay cosas innegociables, como los sentimientos y la dignidad. Hay gente que a la tarde no sabe si a la noche va a comer, es terrible. Yo me voy a morir en la mía, pobre o rico, pero defendiendo mis ideas. La gente está tan mareada que no entiende nada. Una persona que mata o que viola sale enseguida, y uno que roba un peso está diez años preso. Cuando se pierde la lógica, no se sabe lo que se quiere“.

Quedaba claro que Rocha era algo más que un tipo parado bajo los tres palos y vestido en forma distinta a sus diez compañeros restantes. En sus palabras hilvanó también una fuerte crítica al sistema del fútbol, así como a la matriz política. Rocha aún no destapaba la olla, pero si asimilaba que lo que había adentro estaba putrefacto: “En el país y en el fútbol hay una hipocresía enorme. Siempre se dice lo que conviene y no lo que se piensa; hay mucha sanata para que la gente escuche lo que quiere oír. Si al Presidente no le alcanza la plata, como dijo, el chico de la vuelta de mi casa se tiene que matar. Muchos no serían presidentes, concejales o senadores si dijeran lo que piensan, porque este sistema corrupto no se los permite.”.

Sin embargo, en este arte los resultados devoran a las palabras. Independiente realizó flojas campañas en los tiempos de AR en el arco: Finalizó 17mo en el Clausura 2001 y 10mo en el Apertura del mismo año, con el agregado de tener que ver desde dicha posición el título de Racing Club. En el clásico frente a dicho cuadro, Rocha cometería un error garrafal que le costaría a nuestro equipo los tres puntos. Con el match a favor por la mínima gracias a un tanto de Diego Forlan, un centro del rival hizo perder los estribos al arquero, que salió de forma imprudente a descolgar la pelota casi al borde del área, chocando con defensores propios y facilitando la tarea del futbolista Gabriel Loeschbor, que solo debió direccionar la bocha hacia el arco para que esta besara la red sin resistencia alguna. Fue la última jugada del partido. Sin poder justificar tamaña salida en falso, Rocha solo atinó a ver resignado el festejo racinguista.

Pero no fue en vano lo dicho anteriormente respecto al vínculo de Rocha con la hinchada: En el encuentro posterior al derby, los fanáticos corearon su nombre en señal de apoyo, recibiendo otras muestras de cariño que rehabilitaron la confianza del guardavalla. El técnico Enzo Trossero también deslizó su visto bueno al jugador: “Va a seguir como titular“. El protagonista de este post se responsabilizó por el blooper y no escatimó sensación alguna en su declaración a la prensa:  “Sé que le arruiné la fiesta a mucha gente, por lo que pido disculpas. Pero cometí el error de haber actuado como un hincha. Viví el partido con demasiada pasión, y eso me llevó a cometer el error del final”.

En el arribo del año 2002 es cuando esta historia se torna extraña. En la noche del 20 de Febrero, Rocha ataja por última vez con el Club Atlético Independiente: Derrota 2-3 en la visita a Newell’s Old Boys. El Rojo había comenzado el partido ganado por 2 a 0 gracias a los tantos de José Luís Zelaye y Pablo Cuba, pero La Lepra consumó la remontada definitiva a diez del final, con algo de complicidad del arquero. Una lesión lo marginó del partido posterior, la victoria 2-0 ante Belgrano de Córdoba, donde Sala tomó el relevo. Y nunca más se volvería a saber de Rocha en el primer equipo. Recién a comienzos del 2003 -un año después al match frente a los rosarinos- se supo mediante la prensa que sería cedido a Nueva Chicago, en donde se mantuvo seis meses. No disputó partidos.