INTENSAMENTE es una película estadounidense de animación computarizada, una comedia dramática y de aventuras, producida por Pixar Animation Studios y distribuida por Walt Disney Pictures. Narra la historia de Riley Anderson, una niña de once años que debe mudarse con sus padres de su hogar en Minnesota a San Francisco. No obstante, la mayor parte de la trama se desarrolla en su mente, donde un grupo de cinco emociones antropomórficas (Alegría, Tristeza, Temor/Miedo, Desagrado/Asco y Furia/Ira) se encarga de dirigir los comportamientos de su vida cotidiana.

 

Además, debe ocuparse de examinar cuidadosamente el sistema de almacenamiento de memoria y “luchar” por estabilizar el estado mental de Riley. Las memorias de la protagonista se representan como esferas del color de la emoción dominante, para posteriormente ser clasificadas y almacenadas como memorias a corto o largo plazo, o arrojadas a un “abismo” para ser eliminadas.

La mudanza y todo lo que conlleva hacen que Tristeza poco a poco relegue a Alegría, hasta ese entonces la emoción predominante de Riley. La mente de la protagonista, dividida en diversas áreas, sufre por la situación y se producen incluso destrucciones de diversas “islas de personalidad”. La pelea entre ambas emociones ocasiona su expulsión accidental y la de las “memorias principales” al “amplio mundo emocional” de Riley. La película se convierte en una “carrera” para evitar que esas memorias principales sean eliminadas.

En ese camino, mientras las demás emociones se encargan del resto del trabajo, Alegría y Tristeza se encuentran con el amigo imaginario de Riley “Bing-Bong”, viajan en el “Tren del Pensamiento” y sufren un proceso de abstracción. Aunque en un principio se favorece la visión de las cosas de Alegría, en el desenlace la cinta lleva a comprender que Tristeza y el resto de la emociones tienen el mismo valor y que ninguna debe excluir al resto.

Antes, durante y después de cada encuentro que disputa nuestro tan amado INDEPENDIENTE, resulta definitivamente utópico e imposible saber a ciencia cierta lo que piensa y especialmente lo que siente cada uno de los hinchas del Rey de Copas, ya que antes de ser “hinchas de”, primero somos esencialmente seres HUMANOS, con todo lo que ello representa y significa en su más amplia magnitud, expresión y diversidad.

Daría la sensación que el estado mental del hincha del Rojo, en líneas generales, ha atravesado, atraviesa, e indudablemente atraveserá, infinidad de etapas y emociones. De aquí a la eternidad. Porque “así somos los hinchas”. Emociones tan bipolares como cambiantes. Tan ciclotímicas como dispersas. Nuestro “humor cotidiano” depende EXCLUSIVAMENTE de lo que genera el equipo en cuanto a rendimientos o resultados, en cuanto a resultados o rendimientos. Póngale usted el orden que más prefiera, aunque el ideal indica que ambas cuestiones (el famoso y polémico “jugar bien y ganar”) pueden ser complementarias y no excluyentes, en el marco de una sociedad profundamente exigente, hiper exitista, en el contexto de un club necesitado de títulos, urgido de gloria deportiva.

Debo reconocer con absoluta honestidad y franqueza que el concepto básico de este editorial surgió INTENSAMENTE de mi mente tan intensa (siempre que juega el club que AMO con profunda locura y pasión; casi una enfermedad a esta altura de mi vida), hace ya tiempo atrás. No surgió ahora que eliminamos épicamente a los tucumanos de la Sudamericana. Créanme. Síganme, no los voy a defraudar. Se me ocurrió armar un borrador con algunos apuntes conceptuales, redactar un bosquejo con ciertas anotaciones, registros y sugerencias, apenas finalizado aquel partido jugado en Avellaneda, frente a Deportes Iquique, el 12 de julio del corriente año. Seguramente recordás ese match internacional tan bien como yo. Insisto, redacté algo ese misma madrugada, aunque quedó archivado, intuyendo que no era el momento ideal para publicarlo y compartirlo con ustedes. Ya llegaría el momento oportuno. Tiempo al tiempo…

Aquella noche copera ganamos 4-2 ante un rival “supuestamente” inferior. Y digo supuestamente porque en el fútbol actual ya no hay adversarios inferiores. Bien sabemos todos que el rival más complicado para Independiente muchas veces suele ser el propio Independiente. Una especie de enemigo íntimo. Como señalaba una antigua canción entonada y popularizada por Juan Carlos Baglietto “la lucha es de igual a igual contra uno mismo, y eso es ganarla”. Aquella noche ganamos 4-2 el partido de ida, tras ir goleando 4-0. Y ganamos bien. Muy bien. Inobjetablemente.

Nos llevamos a Chile una diferencia más que importante, pese al valor de los dos goles como visitante a favor de Iquique. Sin embargo, una vez finalizado el duelo copero ante el conjunto trasandino (supuestamente inferior), y con un TRIUNFO CONSUMADO, paradójicamente, los rostros de los hinchas del Rojo, en su gran mayoría, denotaban expresiones raras, confusas, contradictorias, contra un conjunto, teóricamente, “de menor nivel competitivo”. ¿El mundo al revés… ?

Pensando en la revancha a jugarse en la altura de Chile (donde allí también finalmente ganamos), esa noche en Avellaneda -aún habiendo vencido por dos goles de diferencia- se notaba claramente en el aire diabólico, sobrevolaba en todo el ambiente del Libertadores de América cierta preocupación, cierto nerviosismo, un poco de “miedo”. Sí, miedo. ¿Por qué no tenerlo? ¿Por qué no asumirlo y aceptarlo? Es ley natural de la vida en cualquier orden y aspecto. “Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar”, expresó el escritor Paulo Coelho. El miedo es natural en el prudente, saber vencerlo es ser valiente. El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son. ¿Miedo a perder? No. Todo lo contrario. Increíblemente, aquella noche TRIUNFAL ante Iquique tuvimos miedo a ganar. No lográbamos digerir y aceptar terminar sufriendo tanto tras un inicio demoledor con un contundente 4 a 0, cómodo y letal. Esas sensaciones se producen naturalmente por la falta de costumbre, por no saber administrar riqueza emocional, por creer e imaginar que tanta cosa positiva se puede desmoronar rápidamente en un abrir y cerrar de ojos. Pensamiento negativo y temeroso.

 

Sucede lógicamente que la historia roja es muy grande. Tan grande como una mochila que pesa muchísimo, cada vez más, por tanta escasez de vuelta olímpica en los últimos tiempos. Tremenda responsabilidad. Un antiguo refrán anuncia que “no vemos las cosas como son, sino como somos”. Y a nuestro querido REY, en estas últimas décadas, lo contagió, lo devoró y lo trituró, con justa razón, EL MIEDO, tras un sinfín de sufrimientos acumulados sin pausa y con prisa en un tobogán infinito, un túnel casi sin salida, un laberinto repleto de dudas e incertidumbre. Casi sin certezas ni garantías. Y claro… es normal y entendible: “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”. Malas experiencias que condicionan el presente y el futuro.

En consecuencia, en base a cierta lógica “fatalista” y premeditada, a veces nuestra imaginación todo lo puede. La cabeza manda y ordena. Nuestro inconsciente actúa como un boomerang que parece mortal a la hora de repartir y exteriorizar sensaciones y emociones diversas. Recuérdenlo: INTENSAMENTE. Este guión -nuestro guión tan futbolero y pasional- es real, no es de película. A ese apocalíptico y cruel rival (llamado miedo/temor) también tenemos que saber enfrentar y vencer, de una vez por todas. Sea el adversario, el certamen o la instancia que fuere…

En resumidas cuentas, nuestro máximo desafío como hinchas, tal vez, es saber controlar y contener, equilibradamente, nuestras EMOCIONES, siempre tan variables y condicionantes. Controlarlas desde la consolidación de la confianza y la elevación de la autoestima. Saber disfrutar lo bueno en una etapa dulce y también saber pensar en frío en los momentos calientes. Evitar aquella errónea y poca feliz AUTODESTRUCCIÓN que tanto mal nos ha hecho, con daños y perjuicios casi irreparables en un pasado reciente…

¿Usted realmente cree que podemos superar ese inmenso desafío en el camino previo a la conquista de algún logro deportivo? Ya sea en el 2018, en el 2024 ó en el 2030. Cuando el destino lo deje escrito. Quizás como hinchas debamos actuar, reaccionar y responder con absoluta madurez y seriedad para la plenitud que es eterna, y no solamente para el éxito que es maravilloso, aunque sin dudas es efímero y circunstancial.